Cada vez más bodegas apuestan por una vitivinicultura de intervención mínima: uvas de cultivo orgánico o biodinámico, fermentaciones con levaduras propias del viñedo y muy pocos añadidos en bodega. El resultado son vinos vivos, con perfil propio y pequeñas diferencias de una añada a otra.
Lejos de ser una moda pasajera, los vinos naturales ya ocupan un lugar estable en las cartas de restaurantes y en las vinotecas. Para empezar en este mundo conviene servirlos frescos —entre 10 y 14 grados según el estilo— y tomarlos en su juventud, ya que no suelen estar pensados para largas guardas.
Lo importante al elegirlos no es la etiqueta “natural”, sino la honestidad del productor: un vino limpio, sin defectos, que exprese el lugar de donde viene. En la tienda encontrás opciones tintas y blancas ideales para acercarse a este estilo sin complicaciones.


