Si hay una variedad que resume el carácter de los tintos de España, esa es el Tempranillo. Es la uva tinta más plantada del país y la base de las grandes denominaciones de la Rioja y de Ribera del Duero.
Su nombre viene de “temprano”, porque madura antes que otras cepas tintas. Da vinos de color intenso, aromas a frutos rojos y ciruela, y —cuando pasa por barrica— notas de vainilla, cacao y cuero que le dan complejidad.
Es además una cepa amable con quien recién empieza: sus taninos son suaves y su acidez equilibrada, por lo que se disfruta tanto joven como con crianza. Un Tempranillo con unos meses de roble, servido a 16 grados, es una excelente puerta de entrada al mundo del vino español.


